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Más de 3.000 millones de pasajeros vuelan cada año en avión. En cada minuto del día hay en torno a 11.000 aviones en el aire. El avión se ha convertido en un medio de transporte indispensable, al menos en los viajes largos (y no tan largos). Muchos pasajeros desconocen muchas respuestas a las preguntas que pueden surgir durante un vuelo. Aquí recogemos seis cosas que probablemente sean desconocidas para la mayoría de los pasajeros en los viajes en avión.
 

 ¿Por qué la comida del avión suele tener tan mal sabor?

 
Generalmente la comida en el avión no es la más exquisita que hayamos probado en nuestra vida. De hecho, los menús en los vuelos no son precisamente los que tienen mejor reputación. Pero realmente la causa no es tanto sobre la comida en sí como sobre el propio avión. El ambiente dentro del avión hace envejecer más rápido los alimentos y las bebidas, especialmente las que tienen los sabores más dulces. A la vez, aquellos alimentos con más sal experimentan un aumento de dicho sabor. El aire reciclado seco dentro de la cabina del avión no ayuda a mejorar el sabor de los alimentos. A esto se une a que es aproximadamente un 30 por ciento más difícil detectar sabores dulces y salados cuando estás en el aire.
 
 

Los aviones están diseñados para soportar la caída de rayos.

 
Uno de los mayores temores de los pasajeros en la seguridad aérea son los rayos. Los aviones están diseñados para soportar la caída de rayos. Se estima que la caída de rayos en una aeronave se produce una vez al año o una vez por cada 1.000 horas de vuelo.
 
 

Los neumáticos están diseñados para no estallar en el aterrizaje.

 
Otro temor de los pasajeros es la resistencia y seguridad de los neumáticos de la aeronave. Los neumáticos de un avión están diseñados para soportar cargas de peso increíbles, hasta 38 toneladas. Los neumáticos pueden resistir aterrizajes a más de 200 Km / hora. Otra característica es que se inflan aproximadamente seis veces la presión utilizada en un neumático de coche.
 

 ¿Por qué se atenúa la luz de la cabina cuanto aterriza o despega un avión?

 
Además de ser una normativa internacional es una medida de seguridad especialmente destinada para los pasajeros. Esto se aplica sobre todo después del ocaso. El objetivo de esta medida es ayudar a los pasajeros a que acomoden su visión, y en caso de emergencia, poder identificar rápidamente las indicaciones y vías de evacuación.
 

 Acerca de las máscaras de oxígeno.

 
Las instrucciones de seguridad en la mayoría de vuelo incluyen cómo usar las máscaras de oxígeno qué se despliegan Cuando el avión experimenta una pérdida repentina de la presión de la cabina. Sin embargo, una cosa que no dicen es que máscaras de oxígeno sólo tienen un valor de unos 15 minutos de oxígeno. Es un corto período de tiempo, pero en realidad que debería ser más que suficiente. Las máscaras de oxígeno caen cuando el avión pierde altura repentina y rápidamente.
 

¿Para qué sirven unos pequeños agujeros en la ventana del avión?

 
Es para regular la presión de la cabina. La mayoría de las ventanas de avión se componen de tres paneles de acrílico. La ventana exterior funciona para aislar de los elementos externos y reforzar el mantenimiento de presión en la cabina. En el caso improbable de que se dañe el panel exterior, la segunda capa actúa como una opción a prueba de fallos. El pequeño agujero en la ventana interior está ahí para regular la presión de aire para que el panel central se mantenga intacto ante la rotura de la ventana exterior.

Existen costumbres por las que nunca nos hemos llegado a plantear por su origen. Por ejemplo, una de ellas es el hecho de que los entierros bajo tierra sean a 2 metros de profundidad. Según distintos estudios, todo comenzó con una plaga. El origen de enterrar a los muertos a 2 metros bajo tierra nace con un brote en la Inglaterra del año 1665. Por entonces una plaga con alta mortalidad, con miles y miles de muertos a la semana en Londres, empujó a que se desarrollase una norma y recomendación por la que “todo sepulcro tendrá al menos dos metros de profundidad”. El objetivo era sin duda evitar nuevas infecciones y detener la mortífera plaga. Además, esta norma iba acompañada también de la exigencia de no abrir ningún sepulcro antes de un año de realizarse el entierro.  Esta ley finalmente cayó en desgracia tanto en Inglaterra como en sus colonias durante muchos años.
 
Curiosamente, en el siglo XIX con el impulso de las investigación científica y médica, surgió un aumento del robo de cadáveres para venderlos a investigadores. Por ello, muchas familias solicitaban que sus familiares fallecidos fueran enterrados a mucha profundidad para dificultar el trabajo de los ladrones.
 
Actualmente la propagación de enfermedades a través de los cadáveres es muy poco probable. Esto se debe en parte al tratamiento y técnicas de embalsamiento que se aplican a los cadáveres, y también a las medidas higiénicas que se establecen en todo momento. Por esto, ya no se aplica de forma tan rigurosa aquella norma de enterrar dos metros bajo tierra.

Los viajes en el espacio entre planetas puede ser una realidad en las próximas décadas. Las agencias espaciales están desarrollando muchos proyectos en relación a la vida y los viajes en el espacio. Entre estos proyectos, la agencia espacial NASA ha desarrollado un protocolo ante el fallecimiento de un astronauta en un viaje espacial. Puede parecer macabro, pero es un riesgo real que un astronauta fallezca durante su estancia en el espacio. En esta situación es necesario tener previsto todos los procedimientos a implementar en estos casos.

Actualmente, las estancias de los astronautas en el espacio son muy cortas y tampoco hay viajes interplanetarios, por lo que los riesgos de que se produzca un fallecimiento en el espacio son pequeños. Hasta ahora, solo se contempla que si un astronauta fallece en la Estación Espacial Internacional (ISS), el cuerpo será envuelto en una bolsa de plástico y transportado de vuelta a la Tierra en la Soyuz. Un caso específico fue cuando un astronauta musulmán, el malayo Muszaphar Shukor, viajó a la ISS. En este caso los imanes autorizaron para que, si el astronauta fallecía y si no era posible su devolución a la Tierra, se pudiera realizar un funeral espacial.

Estas situaciones pueden evolucionar a un escenario en que haya viajes y estancias muy largas en el espacio lo que conlleva a que se tengan de desarrollar todo tipo de protocolos, mecanismos y proyectos nuevos hasta ahora. Entre estos protocolos destaca qué hacer con el cadáver de un astronauta fallecido en el espacio, como por ejemplo durante un viaje al planeta Marte.

La NASA ha estudiado estas situaciones y se ha planteado qué hacer con un cadáver en un viaje espacial. En teoría, una posible solución será enviar el cuerpo del fallecido al espacio y dejarlo flotar en el cosmos. En la práctica, no es viable ya que técnicamente sería equivalente a abandonar un cuerpo en el mar o en el campo. En cambio, tampoco es viable que el cadáver esté como tal en la nave por los riesgos que puede generar la para la salud mental y física del resto del equipo de astronautas. Una solución que ha propuesto la NASA se centra en enviar el cuerpo de nuevo a la Tierra.

El procedimiento desarrollado por la NASA incluye un velatorio del fallecido dentro de la nave y el aislamiento del cuerpo para evitar su contaminación. El cuerpo sería envuelto con materiales especiales. Estaríamos ante un verdadero funeral en el espacio. El cadáver se almacenaría en una parte específica de la nave a una temperatura determinada cercana a la congelación. En este proceso se consigue convertir el cuerpo del fallecido en polvo. El agua del cuerpo se evapora y se expulsa al espacio exterior quedando solo un poco de polvo. Este polvo podrá ser devuelto en una urna a la familia del fallecido en la Tierra. Sin duda, el procedimiento de la agencia espacial norteamericana contempla una especie de incineración y también un rito funerario adaptado al espacio. Para el desarrollo de este protocolo la NASA contó con el asesoramiento de distintos expertos como filósofos, biólogos, psicólogos o ingenieros. En su desarrollo han tenido en cuenta en todo momento la protección de la tripulación y el mantenimiento del cumplimiento de la misión espacial.

Los funerales espaciales pueden hacerse realidad en los próximos viajes interestelares. Seguramente, los primeros funerales en el espacio generarán gran expectación mediática con una importante participación de gobiernos y medios de comunicación.

Los entierros y todo lo que le rodea es un mundo muy desconocido para la mayoría de las personas. Los siguientes datos son fundamentales para hacer una radiografía a un sector que tiene una importancia creciente ante el envejecimiento de la población:

En el año 2015 hubo en España 422.568 defunciones según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el mayor número de fallecimientos en la historia.

 

Según previsiones del Instituto Nacional de Estadística (INE), en el año 2050 habrá en España más de 500.000 defunciones.

 
 

Andalucía encabeza la comunidad autónoma con mayor número de defunciones (71.997 en el año 2015 según el INE) mientras que La Rioja (3.089 defunciones en el 2015), Melilla (523 defunciones en el 2015) y Ceuta (496 defunciones en el 2015) han sido las que tuvieron menos defunciones.

 

Según la Asociación Nacional de Servicios Funerarios, Panasef, las funerarias pueden ofrecer hasta 25 servicios distintos: desde la realización de una autopsia, pasando por trabajos de tanatoestética o la organización de un catering hasta asistencia psicológica.

 
 

España es el país con más hornos crematorios en Europa, según la asociación de servicios funerarios Panasef. Exactamente hay 358 hornos crematorios.

 

Existen en España 1.700 empresas de servicios funerarios que dan empleo a 10.000 personas y tienen una facturación anual cercana a los 1.800 millones de euros.

 
 

El 28% de los puestos del sector funerario lo ocupan mujeres según datos de la patronal empresarial de servicios funerarios. Tal como señala esta asociación “las mujeres comienzan a ocupar puestos puramente funerarios, como tanatopractoras u operadoras funerarias, aunque la penetración de la mujer en estos trabajos todavía no es muy alta. Sin embargo, en otros departamentos como atención a las familias o asesoras, la presencia femenina es mucho más elevada”.

 

Actualmente, las cremaciones suponen el 35% del total de los fallecidos y la asociación empresarial de servicios funerarios que en el año 2025 podrán llegar a ser más de la mitad del total de las defunciones.

 

 Un entierro puede superar los 8.000 euros, especialmente en las ciudades más grandes.

 

Más de 20 millones de personas en España están aseguradas con un seguro de decesos que les cubren los gastos funerarios.